top of page

La importancia del Autocuidado: consciencia física, emocional y social.

Actualizado: 1 jul

Recuerdo que en mis años universitarios uno de los primeros conceptos que aprendí fue el concepto de salud que tomaba como referencia lo indicado por la  Organización Mundial de la Salud (2004), quien la define „como un estado de completo bienestar físico, mental y social que va más allá de la ausencia de afecciones o enfermedades“  (1)  

En esa época fue relevante porque incluía no sólo el bienestar físico o corporal, sino tambiénconsideraba el bienestar mental y social, es decir, que dimensionaba la salud desde tres perspectivas, y por primera vez se tomaba en cuenta la importancia de los factores mentales y sociales. Por aquellos tiempos existían muchos mitos y tabúes en relación a la salud mental, se creía que el recibir ayuda psicológica o psicoterapéutica era solo para „los locos“ y no se veía como una prioridad para el bienestar de la persona. 


Afortunadamente esto ha cambiado con el tiempo, cada vez más se hace hincapié en la importancia de la salud mental como un factor que contribuye a lograr nuestro equilibrio y a desarrollarnos de mejor manera como personas. De allí que el tema del autocuidado se encuentra íntimamente relacionado con la toma de consciencia física, emocional y social.


De acuerdo con  Ofelia Correa (2016) el autocuidado tiene que ver con aquellos cuidados que se proporciona la persona para tener una mejor  calidad de vida, (autocuidado individual), o los que son brindados en grupo, familia, o comunidad (autocuidado colectivo). El autocuidado está determinado por aspectos propios de la persona y aspectos externos que no  dependen de ella; estos determinantes se relacionan con los factores protectores para la salud, tanto como  con los factores de riesgo, que generan, según el caso, prácticas favorables o riesgo para la salud. (2)


Esto se refiere a que dentro del autocuidado, existen ciertos aspectos que depende de nosotras mismas y sobre los cuales tenemos influencia, es decir prestar atención a  lo que comemos y cómo lo comemos, el practicar algún deporte o tener una vida activa (o incluso alguna actividad que nos ayude a relajarnos durante el día), el dedicar espacios,  en la medida de nuestras posibilidades para disminuir el  estrés cotidiano por medio de tareas que nos produzcan placer: esto no necesariamente significa hacer algo grande, sino disfrutar de pequeños momentos como saborear una taza de té o nuestra bebida favorita, tomar un baño o una ducha caliente, salir a caminar y respirar aire puro, escuchar nuestra música preferida y bailar, acariciar conscientemente a nuestros seres queridos, disfrutar del “aquí y el ahora”,  entre otros. Pero también existen aspectos que dependen del contexto externo, tales como nuestras condiciones de vida, el contar con suficiente dinero que nos da una sensación de seguridad financiera, el contar con una red social de apoyo en situaciones difíciles o para compartir momentos de ocio, la clase de trabajo que ejercemos (físico, cognitivo o una mezcla de ambos), y las garantías que poseemos como mujeres y personas en el ejercicio de nuestros derechos, entre otros. Claro, que como esto último no depende directamente de nosotras, es un aspecto sobre el cual no tenemos mayor influencia y por lo tanto, es importante trabajar conscientemente en aquello que sí depende de nosotras, es decir el autocuidado individual,  para fortalecernos en caso de no poder contar con un óptimo autocuidado colectivo. 


En ese sentido, es importante conocer nuestros factores protectores, así como los factores de riesgo en las tres áreas que nos constituyen, es decir tanto en los aspectos físicos, emocionales y sociales. ¿Qué  significa esto? En primer lugar, tomar conciencia sobre la importancia de cuidarnos y cuidar nuestra salud en estas dimensiones, algo que generalmente olvidamos, particularmente las mujeres, porque socialmente se nos enseña a ser „cuidadoras“: cuidadoras de las y los otros, pero no de nosotras mismas. Este mandato que se maneja en el inconsciente colectivo puede estar directamente relacionado con la maternidad, con la expectativa de asumir el cuidado total de una cría por el hecho de ser nosotras la que lo llevamos durante nueve meses en el vientre. Es por eso que muchas veces, la mayoría de mujeres nos vemos confrontadas con sentimientos de culpa al pensar en hacer algo por y para nosotras mismas. Creemos que esto es un acto egoísta al cual no tenemos derecho.  


Pero entonces, ¿qué hacer? ¿por dónde empezar? Me parece que lo primero sería tomar consciencia de la importancia de nuestra salud y nuestro autocuidado, considerando que somos seres valiosas y que muchas personas y situaciones dependen de nosotras y de nuestro bienestar tanto físico como mental: si nosotras no tenemos equilibrio y satisfacción en nuestras vidas, será muy difícil que podamos brindarlo a nuestro entorno, en particular a nuestras hijas e hijos y a nuestra pareja (si tenemos alguna) o círculo cercano. Podemos empezar con pequeños actos de autocuidado: salir a caminar por un momento corto, respirar aire fresco, descansar algunos minutos diariamente, tener una rutina diaria que nos permita planificar al menos 15 minutos diarios para nosotras, para hacer algo que nos gusta, que nos ayuda a relajarnos y a sentirnos felices: escuchar música, leer un libro, bailar, hacer ejercicio, tomar una ducha caliente, beber una taza de nuestro té favorito, ver una película o una serie que nos gusta, cocinar un platillo que nos apetece, comprarnos algo pequeño pero significativo, charlar con una amiga,  empezar por lo pequeño para ir poco a poco fomentando la conciencia de la importancia de nuestro autocuidado. 


Al final, como dijera Lao Tsé-Tung: „Todo viaje de mil millas, empieza por el primer paso“. Así que ¡ánimo queridas mujeres! que nos encontramos  todas en este viaje. 


Nosotras te da la posibilidad de acceder a nuestro cuidado y a nuestro empoderamiento. Úsalo, respétalo y contribuye con nuestro trabajo.








Referencias: 


  1. Organización Mundial de la Salud (2004). Invertir en salud mental. Recuperado   de:  https://www.who.int/mental_health/advocacy/en/spanish_final.pdf

  2. Correa, Ofelia T. (2016). El autocuidado. Una habilidad para vivir. Recuperado de https://revistasojs.ucaldas.edu.co/index.php/hacialapromociondelasalud/article/view/1870/1786

15 visualizaciones0 comentarios

Comentarios


bottom of page